Batalla de Flores de Córdoba 2026: el estallido de la primavera, inicio del mes de las flores.

El día 26 de abril hicimos una excursión para ver la famosa «batalla de flores» de Córdoba. En esta entrada describo la batalla incruenta de flores. La excursión fue muy bien organizada por Viajes Alcaraz.

26 de abril

No es la primera vez que trato de este tema en mi blog. Por ejemplo, una entrada puede verse aquí:

Excursión a la «Batalla de Flores» (Córdoba). (2): Batalla de flores. | De tapas y otras cosas por Fuengirola

El «mes de las flores» me traslada a otros tiempos, ya, por desgracia, lejanos. Estudié en un colegio de frailes agustinos. Durante generaciones, mayo fue celebrado en muchos colegios católicos como el mes dedicado a la Virgen María, y por eso se llamaba también mes de las flores. En los colegios de frailes (agustinos, franciscanos, maristas, salesianos…) .

Nuestra Señora del Buen Consejo

Recuerdo que cada día, creo que al entrar en el horario de tarde (¿o era por la mañana?, rezábamos un Ave María. Creo recordar que decía algo así:

Dios te salve, María, 
llena eres de gracia;
el Señor es contigo.
Bendita tú eres 
entre todas las mujeres,
y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. 
Santa María, Madre de Dios,
ruega por nosotros, pecadores,
ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén…


La mañana del 26 de abril de 2026, la Avenida de la República Argentina de Córdoba volvió a transformarse en un río de color. Carrozas cubiertas de claveles, música, risas y un cielo que parecía salpicado de pétalos en suspensión. La Batalla de Flores de Córdoba no es solo un desfile: es el principio simbólico de las Fiestas de Mayo, el primer latido de una primavera que en Córdoba siempre se vive como una celebración colectiva.

Orígenes: de Europa a Andalucía, y de la élite al pueblo

La Batalla de Flores cordobesa hunde sus raíces en las batallas florales europeas del siglo XIX, especialmente las de Niza y Barcelona, donde las clases acomodadas desfilaban en carruajes adornados y se lanzaban flores como gesto de cortesía festiva.

Batalla de flores del siglo XIX. Imagen creada por la IA de Copilot.


Con el tiempo, la tradición se popularizó, se volvió más participativa y adoptó un carácter propio en cada ciudad.

En Córdoba, la primera Batalla de Flores documentada aparece a comienzos del siglo XX, vinculada a la voluntad municipal de embellecer la ciudad y reforzar una identidad festiva que ya tenía pilares sólidos: Cruces, Patios y Feria.


La ciudad la hizo suya, la volvió más cercana, más alegre, más andaluza.


La Batalla de Flores es, ante todo, un ritual de bienvenida. Marca el final del invierno y el renacer de la primavera.

Marca el principio de un mes en el que Córdoba se abre como una flor: patios, balcones, plazas, música, olor a azahar.

Calesa, al estilo de las viejas batallas de flores de Niza o Barcelona.
Las damas de la calesa nos lanzan flores.

Las carrozas, en sus orígenes, estaban ocupadas por niñas y mujeres que nos lanzaban sus flores. Hoy, en algunas carrozas, también hay hombres que hacen lo mismo.

Dos hombres lanzando claveles en una de las carrozas.

Después llegó la primera carroza que no iba tirada por caballos sino por un enorme coche.

la primera carroza.

En total fueron doce carrozas. Al ver los detalles de cada carroza ves el esfuerzo oculto, sin duda muchas manos y muchas madrugadas han contribuido a esta efímera belleza.

Detrás de cada carroza hay semanas de trabajo. Los talleres florales —muchos de ellos familiares— comienzan a preparar estructuras, diseños y patrones con antelación. El proceso incluye:

  • Diseño de la carroza — Bocetos, elección de colores, motivos y formas.
  • Montaje de estructuras — Armazones metálicos o de madera que deben ser estables y seguros.
  • Colocación de flores — Miles de claveles frescos, uno a uno, sujetos con esponjas húmedas o mallas.
  • Coordinación con peñas y agrupaciones — Vestuario, música, coreografías, orden de desfile.
  • Logística municipal — Seguridad, tráfico, limpieza, sonido, jurado y premios.

El resultado es un espectáculo que parece espontáneo, pero que requiere una coreografía invisible de artesanos, floristas, voluntarios y técnicos.

El resultado es un desfile lleno de alegría. El desfile, más o menos fue así:

Resumen del desfile de carrozas de 2026.
Creo que esta es la tercera carroza, pero no me hagan mucho caso. No llevé la cuenta. He retocado un poco la foto con Meta.ai
Carrozas 5 y 6. Obsérvese que la carroza 5 va empujada por un coche de «Grúas Mata». Muchas de las carrozas llevaban coches de esta compañía.
La carroza 6. También va movida por un coche de «Grúas Mata».
Detalle que mueve la carroza 6.
La trasera de la carroza 6.
Carroza 7. El minarete.

En la carroza 7 (a la derecha= podemos ver que en la parte delantera hay varios barriles colocados de la forma típica de las crianzas y soleras. Sin duda Córdoba tiene muy buenos ejemplos de este tipo de vinos.

Y permítanme que les diga que cada vez que leo montilla recuerdo la obra de Edgar Poe «El barril de amontillado» [3], una de mis lecturas de juventud.

Los vinos de Montilla-Moriles están protegidos por Denominación de Origen. Entre ellos hay finos, amontillados, olorosos y Pedro Ximénez.

Los niños aprovechan el espacio entre carrozas para recoger los claveles que se han quedado en la carretera. Aquí vemos a una niña recogiendo uno de ellos. La foto la he retocado un poco con ayuda de Meta.ai
Tras recoger las flores, la niña vuelve a su lugar.
Los niños vuelven a su sitio.
Trasera de la carroza 8.
La carroza 10 se aleja.

Creo que esta fue la última: carroza El Madero.

La Batalla de Flores 2026: un cierre brillante

En 2026, el desfile volvió a reunir a miles de personas. Las carrozas compitieron por la originalidad y el uso creativo de la flor, mientras las “damas de las carrozas” lanzaban claveles al público, que respondía con entusiasmo.


El aire se llenó de pétalos, risas y ese murmullo alegre que solo Córdoba sabe producir en mayo.

Cada año las carrozas son distintas. Una labor creativa digna de admiración. Estoy seguro que desde mañana mismo muchas personas estarán pensando en el diseño de la carroza que llevarán el año 27.

Al abandonar la avenida, todavía con claveles en el suelo y música en el aire, uno comprende que la Batalla de Flores no es solo un desfile moderno, sino la herencia viva de un impulso mucho más antiguo. Córdoba celebra en mayo lo mismo que celebraban los griegos y los romanos cuando la primavera estallaba sobre los campos: el regreso de la luz, la renovación del mundo, la alegría de lo que vuelve a nacer.

En el fondo, estas fiestas no son tan distintas de aquellas Floralia [1] romanas o de los ritos helénicos dedicados a la fertilidad y al renacer de la naturaleza. Cada carroza cubierta de pétalos, cada clavel lanzado al aire, cada sonrisa que se abre al paso del desfile es un eco —colorido y luminoso— de un ciclo que la humanidad lleva milenios celebrando.

Y entonces aparece ella, silenciosa pero inevitable: Perséfone [2], la madre de la primavera, saliendo de su encierro subterráneo para ascender de nuevo a la superficie. Con cada paso suyo, la tierra se cubre de luz y de flores. Y Córdoba, en mayo, parece recibirla como si la conociera desde siempre.


Notas

[1] Wikipedia. Entrada: Floralia. https://en.wikipedia.org/wiki/Floralia [Consultado 24 de mayor de 2026]

[2] Wikipedia. Entrada: Perséfone. https://es.wikipedia.org/wiki/Pers%C3%A9fone [Consultado 24 de mayor de 2026]

[3] Wikipedia. Entrada: El barril de amontillado. https://es.wikipedia.org/wiki/El_barril_de_amontillado [Consultado 24 de mayor de 2026]


Nota sobre fotos

Las fotos que se han utilizado, han sido realizadas por Félix Ares, Álvaro Ares y Veró y las licenciamos como Creative Commons. Attribution 4.0. International CC by 4.0. Puede usarlas, pero deben dar crédito a los autores y que se han sacado de la página https://felix.ares.fm

Creative Commons License

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NOTA: ya saben ustedes que el Spam está a la orden del día. Si pusiera mi dirección de correo electrónico en forma visible, mi buzón se llenaría de basura. Si quieren ponerse en contacto conmigo, pueden hacerlo en esta dirección, que pienso está suficientemente difícil para los robots.

O bien rellenar el siguiente formulario:

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Excursión a la «Batalla de Flores» (Córdoba): Desayuno en El Palomar (Encinas Reales).

El día 26 de abril hicimos una excursión para ver la famosa «batalla de flores» de Córdoba. En esta entrada describo el desayuno en Encinas Reales. La excursión fue muy bien organizada por Viajes Alcaraz.

26 de abril

Juan, de viajes Alcaraz, se conoce Andalucía como la palma de su mano y en casi todas partes tiene amigos que le aprecian. Eso hace que conozca los mejores sitios para desayunar, almorzar y cenar a precios razonables. Por eso no es de extrañar que en sus viajes muchas veces paremos en el restaurante El Palomar de Encinas Reales.

De hecho en este mismo blog ya he hablado de este restaurante en varias entradas, por ejemplo:

E incluso el desayuno del año pasado cuando también fuimos a la batalla de flores:

Con las entradas anteriores ya queda muy poco que decir de El Palomar. Una de las cosas que me intrigó de ese restaurante es su nombre «El Palomar». En el restaurante no se ve ningún palomar. El nombre El Palomar muy probablemente procede —como ocurre en numerosos cortijos y ventas andaluzas— de la existencia histórica de un palomar en la finca o edificio original. Aunque ninguna de las fuentes consultadas menciona explícitamente el origen del nombre del restaurante.


Encinas Reales nació como aldea de agricultores dependiente de Lucena, y los cortijos de la zona solían tener palomares para carne, abono y mensajería rural.

¿Aldea de agricultores? Me he preguntado por el origen del nombre Encinas Reales. Encinas está muy claro: había encinas. ¿Reales? ¿Pertenecía al rey? Pues resulta que no, que reales no viene de que perteneciera al rey, la historia es mucho más interesante.

El nombre Encinas Reales procede de una evolución toponímica muy clara y bien documentada: su nombre original fue Encinas Ralas, y con el tiempo ese adjetivo ralas —que significa “separadas, poco densas”— terminó transformándose en Reales.

Hay una leyenda, y digo leyenda porque no hay confirmación histórica, que tanto la Wikipedia como el Ayuntamiento recogen: Isabel la Católica, viajando por la zona, habría descansado bajo unas grandes encinas del lugar. Esta anécdota, aunque no documentada históricamente, reforzó el uso del término Reales, asociado simbólicamente a la monarquía.

Infografía de Isabel la Católica sentada bajo una encina.

Con la ayuda de Copilot he creado esta infografía donde se ve a la Reina Isabel «la Católica» sentada bajo una encina. La Inteligencia siempre me sorprende. Es capaz de hacer una infografía de Isabel la Católica sentada bajo una encina en su viaje a Granada, pero no es capaz de que en los mensajes escritos ponga Católica o Córdoba.

Sinceramente, me sorprende.

La IA, en su estado actual, me recuerda a los a veces llamados Idiots savants, que saben todo sobre un tema, pero desconocen todo lo demás. En este caso sabe todo sobre el viaje de Isabel la Católica, pero no sabe cómo escribir Católica o Córdoba. ¡Increíble!

No me cabe duda de que la IA va a influir en nuestras vidas, pero sospecho que mucho menos de lo que se dice en muchos corrillos políticos.

En fin, como no voy a repetir las fotos de otras entradas, me centro en algunas cosas originales.

La fachada de El Palomar. Claramente no se ve ningún palomar.

Si nos fijamos en la fuente de piedra que se ve en la parte inferior izquierda de la imagen vamos a ver algunos detalles. Tanto la fuente como las columnas del restaurante tienen un aire clásico.

Fuente a la entrada de El Palomar.

La fuente tiene una figura probablemente del romanticismo tardío, pero veamos la columna. Por su sencillez recuerda al capitel dórico, pero si afinamos un poco más tendremos que concluir que es de estilo toscano.

A mí siempre me atraen las fuentes. El agua, en su fluir, parece un ser vivo: cambia de forma, se reinventa sin cesar, y su murmullo tiene una calma que me acompasa por dentro.

Foto de la fuente de El Palomar ligeramente retocada por Meta.ai.

Cuando la luz del sol incide sobre el chorro de la fuente sus destellos atraen mi mirada.

Cuando los rayos de sol son atrapados por el agua es algo vívido. Algo que fluye, suena y te relaja.

En el jardín de la entrada a El Palomar hay flores rojas. De un rojo intenso.

Rosa en el jardín. Foto ligeramente retocada por Meta.ai.

Y me surgió una pregunta: ¿qué tal se vería si la rosa fuera azul?

Así se vería una flor azul. No es una imagen real, he transformado el rojo en azul con la ayuda de GIMP.

¿Y qué tal fue el desayuno? Como era de esperar: Dos tostadas, excelente aceite de oliva virgen extra, tomate picado… y la bebida que quisiéremos. Yo pedí café.

Y así es El Palomar: un alto en el camino donde la memoria y el presente se dan la mano. Un lugar sencillo, con ese encanto sereno de lo auténtico, donde el desayuno sabe a viaje y a pueblo, y donde uno siente —sin necesidad de pensarlo— que la vida también se construye en estos instantes breves, bajo la sombra de una encina y el rumor cercano del agua.


Notas

[1]


Nota sobre fotos

Las fotos que se han utilizado, han sido realizadas por Félix Ares y Álvaro Ares y las licenciamos como Creative Commons. Attribution 4.0. International CC by 4.0. Puede usarlas, pero deben dar crédito a los autores y que se han sacado de la página https://felix.ares.fm

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