Luna llena sobre Fuengirola: la paz de una vida que por fin se abre

3 de abril de 2026


Hay noches en que Fuengirola parece inventada para quienes ya no corren, para quienes han aprendido que la vida —la verdadera— empieza cuando uno deja de mirar el reloj.
La noche del 3 de abril de 2026, con la Luna llena asomando sobre el Mediterráneo, fue una de esas noches.

Camino despacio por la orilla. La arena húmeda cede bajo mis pasos con un sonido suave, casi íntimo, como si la playa respirara conmigo. El aire huele a sal, a brisa recién nacida, a esa mezcla de mar y calma que sólo conocen quienes han decidido quedarse aquí para vivir sus mañanas y sus noches sin prisa.

La Luna llena emergiendo del mar el 3 de abril de 2026. Pintura al oleo imaginada por mí, pero realizada con la ayuda de Meta.Ai

Las palmeras se recortan contra el cielo azul oscuro, guardianas silenciosas de este paseo que ya es parte de mi rutina. Y entonces, en el horizonte, aparece ella: la Luna, primero rojiza, casi tímida, como si dudara antes de mostrarse. Luego asciende, se quita sus velos rojos y se vuelve blanca, pura, redonda, y su reflejo abre una senda de luz sobre el oleaje. Una senda que no lleva a ninguna parte, o quizá sí: a la paz.

Y en ese ascenso ocurre un pequeño milagro óptico que siempre me maravilla. Cuando la Luna está baja, cerca del horizonte, parece enorme, casi desmesurada, como si quisiera tocar el mar. Es la llamada ilusión lunar [1], un engaño delicioso de nuestra mente: al verla junto a edificios, palmeras o montañas, nuestro cerebro la compara y la agranda. Además, la atmósfera espesa y cálida de la costa tiñe su luz de rojo, y ese tono profundo la hace parecer aún más grande, más cercana, más humana. Pero cuando sube, cuando se vuelve blanca y limpia, cuando su luz ya no lucha contra el aire denso del horizonte, la Luna parece encogerse. No lo hace, por supuesto: su tamaño angular es casi el mismo. Pero su blancura la vuelve más humilde, más distante, más serena. Es como si pasara de ser una diosa de fuego a una lámpara de claridad que ilumina el mundo sin imponerse.

Vivir la jubilación en Fuengirola es esto: despertar con amaneceres que incendian el cielo, desayunar mirando el mar, sentir que cada día tiene un color distinto. Es caminar entre palmeras que parecen saludar, es dejar que el sol te toque los hombros sin pedir permiso, es escuchar el rumor de las olas como quien escucha un consejo antiguo.

Amanecer. Foto real.

Y cuando cae la tarde, cuando el cielo se vuelve cobre y el Mediterráneo se aquieta, llega el momento de los bares.


Pequeños templos de alegría donde te sirven tapas andaluzas que saben a hogar: boquerones en vinagre, ensaladilla suave, croquetas que crujen, gambas al ajillo que perfuman la mesa. La vida aquí tiene sabor, tiene música, tiene luz.

La jubilación no es un final: es un mirador.
Y desde Fuengirola, ese mirador da al mar.

La Luna llena asciende un poco más. El agua se vuelve plata.
Yo respiro hondo.
Y pienso que, por primera vez en muchos años, estoy exactamente donde quiero estar.


Notas

[1] Wikipedia. Entrada: Ilusión lunar. https://es.wikipedia.org/wiki/Ilusi%C3%B3n_lunar [Consultado 17 de mayo de 2026]


Nota fotos y texto. Salvo las fotos que tienen un agradecimiento específico, como por ejemplo Wikipedia, son nuestras y las licenciamos con

Licencia de Creative Commons

De tapas y otras cosas por Fuengirola © 2024 by Félix Ares is licensed under CC BY-SA 4.0 . Debe indicarse que está creado a partir de una obra de felix.ares.fm

En esta ocasión he contado con la colaboración de Vero. Las fotos están en muy baja resolución. Si alguien está interesado en obtenerla con mayor resolución, que me las pida.


Contacto con nosotros; el motivo de que no sea una imagen clara es para evitar que los robots la descubran y nos inunden el buzón de basura.

O bien rellenar el siguiente formulario:https://www.youtube.com/embed/u1T5csbw9Ww?si=OvhAFtZnEd2otLs3

El gato en el bar Aidans

14 de mayo de 2026

Aidan’s: un rincón sereno en Fuengirola

Hay bares que se visitan, y bares que se habitan.
Aidan’s pertenece a la segunda especie.

Es un lugar tranquilo, casi escondido del bullicio, donde los sofás parecen invitarte a quedarte más tiempo del previsto y la fuente del patio derrama un murmullo cristalino que convierte cualquier conversación en un pequeño remanso. Antes —hace apenas unos meses— lo regentaba una pareja irlandesa, amable, cercana, de esas que te saludan como si fueras un viejo amigo aunque te hayan visto dos veces. Ahora los dueños son argentinos, igual de atentos, igual de amables… quizá con una ventaja práctica: hablan español, lo que hace que todo fluya con una naturalidad aún mayor.

El espíritu del lugar, sin embargo, no ha cambiado.
Aidan’s sigue siendo ese refugio perfecto para ir con tu pareja, sentarse en un sofá cómodo, dejar que el canto de la fuente te envuelva y permitir que la tarde se deslice sin prisa, como si el tiempo allí tuviera otra textura.

Un bar para conversar, para descansar, para mirar.
Un bar para quedarse.

Y entre ese murmullo de agua, los sofás que invitan a quedarse y la calma que parece caer desde el techo como una luz tibia, uno descubre que Aidan’s no solo tiene encanto: tiene habitantes. Algunos humanos, otros habituales… y uno muy especial, de cuatro patas, que se cree —con razón— el verdadero heredero del lugar. Porque en cuanto cruzas la puerta, antes incluso de pedir la tapa o la cerveza, hay un personaje que te observa desde su sofá con la serenidad de quien sabe que este bar también es suyo.


El verdadero dueño del sofá

En este bar hay un cliente que no paga, no pide, no opina y, sin embargo, reina.
Un gato. El gato. El auténtico propietario del sofá.

Llega uno pensando en tomarse una tapa, una cerveza fría, un respiro del mundo, y allí está él: enroscado en su trono mullido, dormitando como si la tarde fuese suya por decreto real. Abre un ojo cuando entras, te examina con esa mezcla de indiferencia y sabiduría antigua, y decide en un instante si eres amenaza o simple ruido de fondo.

El gato de Aidans.

Si ve que no vas a sentarte en su sofá, vuelve a hundirse en ese sueño líquido de los gatos, como diciendo: “Muy bien, humano, puedes existir, pero sin exagerar”.
Pero si detecta —porque lo detecta siempre— que tu intención es ocupar su territorio, entonces se incorpora con una dignidad que ya quisieran muchos altos cargos, te mira con un suspiro silencioso y se marcha despacio, como quien piensa:

“Vaya pelmas… con lo bien que estaba yo aquí.”

Y tú, que venías a por una tapa, acabas sintiéndote como un intruso en un reino felino que te tolera, pero no te pertenece.


Ubicación

Si quieren saludar al gato pueden hacerlo en esta dirección:

C. Maestra Ángeles Aspiazu, 21, Fuengirola

Teléfono: +34667500159


Notas

[1]


Nota fotos y texto. Salvo las fotos que tienen un agradecimiento específico, como por ejemplo Wikipedia, son nuestras y las licenciamos con

Licencia de Creative Commons

De tapas y otras cosas por Fuengirola © 2024 by Félix Ares is licensed under CC BY-SA 4.0 . Debe indicarse que está creado a partir de una obra de felix.ares.fm

En esta ocasión he contado con la colaboración de Vero. Las fotos están en muy baja resolución. Si alguien está interesado en obtenerla con mayor resolución, que me las pida.


Contacto con nosotros; el motivo de que no sea una imagen clara es para evitar que los robots la descubran y nos inunden el buzón de basura.

O bien rellenar el siguiente formulario:https://www.youtube.com/embed/u1T5csbw9Ww?si=OvhAFtZnEd2otLs3