Batalla de Flores de Córdoba 2026: el estallido de la primavera, inicio del mes de las flores.

El día 26 de abril hicimos una excursión para ver la famosa «batalla de flores» de Córdoba. En esta entrada describo la batalla incruenta de flores. La excursión fue muy bien organizada por Viajes Alcaraz.

26 de abril

No es la primera vez que trato de este tema en mi blog. Por ejemplo, una entrada puede verse aquí:

El «mes de las flores» me traslada a otros tiempos, ya, por desgracia, lejanos. Estudié en un colegio de frailes agustinos. Durante generaciones, mayo fue celebrado en muchos colegios católicos como el mes dedicado a la Virgen María, y por eso se llamaba también mes de las flores en los colegios de frailes (agustinos, franciscanos, maristas, salesianos…). Tuve la inmensa suerte de estudiar en el colegio agustino de Nuestra Señora del Buen Consejo.

Por Jose Miguel Rodriguez de Carvalho – Trabajo propio, CC BY-SA 4.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=136998511

Recuerdo que cada día, creo que al entrar en el horario de tarde (¿o era por la mañana?), rezábamos un Ave María. Creo recordar que decía algo así:

Dios te salve, María, 
llena eres de gracia;
el Señor es contigo.
Bendita tú eres 
entre todas las mujeres,
y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. 
Santa María, Madre de Dios,
ruega por nosotros, pecadores,
ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén…


La mañana del 26 de abril de 2026, la Avenida de la República Argentina de Córdoba volvió a transformarse en un río de color. Carrozas cubiertas de claveles, música, risas y un cielo que parecía salpicado de pétalos en suspensión. La Batalla de Flores de Córdoba no es solo un desfile: es el principio simbólico de las Fiestas de Mayo, el primer latido de una primavera que en Córdoba siempre se vive como una celebración colectiva.

Orígenes: de Europa a Andalucía, y de la élite al pueblo

La Batalla de Flores cordobesa hunde sus raíces en las batallas florales europeas del siglo XIX, especialmente las de Niza y Barcelona, donde las clases acomodadas desfilaban en carruajes adornados y se lanzaban flores como gesto de cortesía festiva.

Batalla de flores en el siglo XIX. Imagen creada con la ayuda de Copilot.


Con el tiempo, la tradición se popularizó, se volvió más participativa y adoptó un carácter propio en cada ciudad.

En Córdoba, la primera Batalla de Flores documentada aparece a comienzos del siglo XX, vinculada a la voluntad municipal de embellecer la ciudad y reforzar una identidad festiva que ya tenía pilares sólidos: Cruces, Patios y Feria.


La ciudad la hizo suya, la volvió más cercana, más alegre, más andaluza.


Las Damas de las Carrozas nos lanzan flores a los que miramos el desfile desde la acera, turistas y cordobeses mezclados bajo el mismo cielo de abril. Los claveles vuelan, caen, ruedan por el asfalto, y nosotros —casi sin pensarlo— los recogemos del suelo y se los devolvemos, como si respondiéramos a un saludo antiguo. Así se libra esta batalla: un intercambio de pétalos en lugar de balas, de colores en vez de flechas. Y, a fuerza de lanzarnos flores unos a otros, la batalla deja de serlo y se convierte en comunión, en un gesto compartido que une a quienes desfilan y a quienes miran, como si por un instante toda la ciudad respirara al mismo ritmo.

Las «damas de las carrozas» nos lanzan claveles. Aunque en esta foto veo que además de damas hay «damos».

El esfuerzo oculto: talleres, manos y madrugadas

Detrás de cada carroza hay semanas de trabajo. Los talleres florales —muchos de ellos familiares— comienzan a preparar estructuras, diseños y patrones con antelación. El proceso incluye:

  • Diseño de la carroza — Bocetos, elección de colores, motivos y formas.
  • Montaje de estructuras — Armazones metálicos o de madera que deben ser estables y seguros.
  • Colocación de flores — Miles de claveles frescos, uno a uno, sujetos con esponjas húmedas o mallas.
  • Coordinación con peñas y agrupaciones — Vestuario, música, coreografías, orden de desfile.
  • Logística municipal — Seguridad, tráfico, limpieza, sonido, jurado y premios.

El resultado es un espectáculo que parece espontáneo, pero que requiere una coreografía invisible de artesanos, floristas, voluntarios y técnicos.


La Batalla de Flores 2026: un cierre brillante

En 2026, el desfile volvió a reunir a miles de personas. Las carrozas compitieron por la originalidad y el uso creativo de la flor, mientras las “damas de las carrozas” lanzaban claveles al público, que respondía con entusiasmo.


El aire se llenó de pétalos, risas y ese murmullo alegre que solo Córdoba sabe producir en mayo.

La Batalla de Flores es una fiesta que no se conserva: se renueva cada año.


Es un puente entre la tradición europea y la sensibilidad andaluza, entre el trabajo artesanal y la celebración popular.


Un instante en el que Córdoba se mira a sí misma y se reconoce: luminosa, floral, abierta, orgullosa de su primavera.

Es evidente que los fotos estáticas no comunican la realidad. He realizado un vídeo en el que he unido varias escenas. Van en secuencia temporal. No es un vídeo para un óscar, pero creo que permitirá que las personas que no han estado nunca en esta maravillosa batalla de flores se hagan una idea de lo que es.

Batalla de flores en Córdoba. 26 de abril de 2026.

El desfile de carrozas comienza con la llegada de un coche de caballos (creo que es una calesa) con damas que nos saludan. Sospecho que en la calesa no pueden llevar suficientes claveles como para lanzarlos durante todo el recorrido.

Una calesa comienza el desfile. Detrás de ella podemos ver la carroza número 1.

En la foto de arriba podemos ver no solo el principio del desfile, también vemos cómo se sitúan las personas para ver el espectáculo.

Las damas de la calesa nos saludan. ¿Y nos lanzan claveles?
Las damas de la primera carroza nos lanzan claveles.
Entre las damas de la carroza 1 también hay hombres que nos lanzan claveles.
Aparece la carroza 3.
Llegada de las carrozas 5 y 6. Obsérvese que el vehículo que las transporta es de grúas Mata. Muchas de las carrozas llevaban un vehículo de la misma compañía.
Carroza 6 con su transportador.
Detalle del vehículo de transporte de la carroza 6.
Trasera de la carroza 6.

Al contemplar las carrozas de la Batalla de Flores de Córdoba, me invade una mezcla de admiración y pequeñez. Cada estructura, cada detalle de papel, tela y flor es fruto de un trabajo inmenso, artesanal, que parece desafiar el tiempo y la paciencia. Me siento acomplejado ante tanta dedicación: detrás de cada carroza hay semanas, meses, quizá años de esfuerzo colectivo. Y estoy casi seguro de que, cuando el desfile termina, los talleres ya sueñan con el nuevo diseño para el año 27, como si la creatividad nunca descansara.

Carroza ¿7? El minarete.

Se acerca una carroza distinta, casi insolente en su originalidad: El Minarete. En la delantera luce unos barriles de vino —imagino que crianza en soleras, tan cordobés como el acento que flota en el aire— que rompen con la estética más floral y etérea del resto del desfile. Esa mezcla de tradición vinatera y fantasía festiva me descoloca y me encanta a la vez; es como si la carroza reivindicara su propio linaje, su propio aroma. Y mientras pasa, pienso en el ingenio de quienes la han creado, en cómo cada año se permiten estas licencias que enriquecen la Batalla de Flores y la convierten en un desfile donde la imaginación no conoce límites.

Les ruego que se fijen en las manos de los visitantes de la derecha. Todas llevan claveles.

Tras pasar «El minarete» una niña sale corriendo para recoger los claveles que se han quedado tirados en la carretera.

Niña recogiendo un clavel que se había quedado tirado en la carretera. Foto retocada con Meta.ai.

Después, la niña vuelve a su fila, dispuesta para lanzar los claveles a «las damas de la carroza».

La niña, con su cosecha de claveles, vuelve a su fila. Allí hay otro niño (¿tal vez su hermano?) que también recoge claveles.
Los dos niños vuelven a sus puestos de observación detrás de las vallas.

Pasan más carrozas… todas bellas, pero poner cada una de ellas podría ser extremadamente aburrido. Voy acabando.

Trasera de la carroza 8.

Nos pasa la carroza 8.

Y después la 9 y detrás la 10.

Trasera de la carroza 10.

Nos llega una carroza un poco distinta, que rompe con las anteriores. Se trata de la representación de una barca y que se llama «El Madero».

Carroza «El Madero».

Y así termina este desfile de carrozas y claveles, esta batalla incruenta donde las únicas municiones han sido flores que volaban de un lado a otro como pequeños pactos de alegría. Me marcho con la sensación de haber asistido a un rito antiguo, a una celebración que nos recuerda que mayo es el mes de la abundancia, de la primavera exuberante que estalla en miles de colores. Abril lluvioso produce un mayo florido y hermoso, lo decía mi abuela y hoy lo confirma cada carroza que pasa. Tras los coches que arrastran estos jardines ambulantes se adivinan siglos de fiestas primaverales, de campos en celebración, de una tierra que despierta. Los meses en que Perséfone ha habitado el inframundo [1] han terminado: vuelve a la superficie y la tierra, agradecida, se viste con sus mejores ropajes florales, con aromas que acarician y colores que casi duelen de tan vivos. Y yo, entre claveles y sonrisas, siento que también regreso un poco a la luz.


Notas

[1] Wikipedia. Entrada: Perséfone. https://es.wikipedia.org/wiki/Pers%C3%A9fone [Consultado 23 de mayo de 2026]


Nota sobre fotos

Las fotos que se han utilizado, han sido realizadas por Félix Ares, Álvaro Ares y Vero y las licenciamos como Creative Commons. Attribution 4.0. International CC by 4.0. Puede usarlas, pero deben dar crédito a los autores y que se han sacado de la página https://felix.ares.fm

Creative Commons License

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O bien rellenar el siguiente formulario:

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Excursión a la «Batalla de Flores» (Córdoba): Desayuno en El Palomar (Encinas Reales).

El día 26 de abril hicimos una excursión para ver la famosa «batalla de flores» de Córdoba. En esta entrada describo el desayuno en Encinas Reales. La excursión fue muy bien organizada por Viajes Alcaraz.

26 de abril

Juan, de viajes Alcaraz, se conoce Andalucía como la palma de su mano y en casi todas partes tiene amigos que le aprecian. Eso hace que conozca los mejores sitios para desayunar, almorzar y cenar a precios razonables. Por eso no es de extrañar que en sus viajes muchas veces paremos en el restaurante El Palomar de Encinas Reales.

De hecho en este mismo blog ya he hablado de este restaurante en varias entradas, por ejemplo:

E incluso el desayuno del año pasado cuando también fuimos a la batalla de flores:

Con las entradas anteriores ya queda muy poco que decir de El Palomar. Una de las cosas que me intrigó de ese restaurante es su nombre «El Palomar». En el restaurante no se ve ningún palomar. El nombre El Palomar muy probablemente procede —como ocurre en numerosos cortijos y ventas andaluzas— de la existencia histórica de un palomar en la finca o edificio original. Aunque ninguna de las fuentes consultadas menciona explícitamente el origen del nombre del restaurante.


Encinas Reales nació como aldea de agricultores dependiente de Lucena, y los cortijos de la zona solían tener palomares para carne, abono y mensajería rural.

¿Aldea de agricultores? Me he preguntado por el origen del nombre Encinas Reales. Encinas está muy claro: había encinas. ¿Reales? ¿Pertenecía al rey? Pues resulta que no, que reales no viene de que perteneciera al rey, la historia es mucho más interesante.

El nombre Encinas Reales procede de una evolución toponímica muy clara y bien documentada: su nombre original fue Encinas Ralas, y con el tiempo ese adjetivo ralas —que significa “separadas, poco densas”— terminó transformándose en Reales.

Hay una leyenda, y digo leyenda porque no hay confirmación histórica, que tanto la Wikipedia como el Ayuntamiento recogen: Isabel la Católica, viajando por la zona, habría descansado bajo unas grandes encinas del lugar. Esta anécdota, aunque no documentada históricamente, reforzó el uso del término Reales, asociado simbólicamente a la monarquía.

Infografía de Isabel la Católica sentada bajo una encina.

Con la ayuda de Copilot he creado esta infografía donde se ve a la Reina Isabel «la Católica» sentada bajo una encina. La Inteligencia siempre me sorprende. Es capaz de hacer una infografía de Isabel la Católica sentada bajo una encina en su viaje a Granada, pero no es capaz de que en los mensajes escritos ponga Católica o Córdoba.

Sinceramente, me sorprende.

La IA, en su estado actual, me recuerda a los a veces llamados Idiots savants, que saben todo sobre un tema, pero desconocen todo lo demás. En este caso sabe todo sobre el viaje de Isabel la Católica, pero no sabe cómo escribir Católica o Córdoba. ¡Increíble!

No me cabe duda de que la IA va a influir en nuestras vidas, pero sospecho que mucho menos de lo que se dice en muchos corrillos políticos.

En fin, como no voy a repetir las fotos de otras entradas, me centro en algunas cosas originales.

La fachada de El Palomar. Claramente no se ve ningún palomar.

Si nos fijamos en la fuente de piedra que se ve en la parte inferior izquierda de la imagen vamos a ver algunos detalles. Tanto la fuente como las columnas del restaurante tienen un aire clásico.

Fuente a la entrada de El Palomar.

La fuente tiene una figura probablemente del romanticismo tardío, pero veamos la columna. Por su sencillez recuerda al capitel dórico, pero si afinamos un poco más tendremos que concluir que es de estilo toscano.

A mí siempre me atraen las fuentes. El agua, en su fluir, parece un ser vivo: cambia de forma, se reinventa sin cesar, y su murmullo tiene una calma que me acompasa por dentro.

Foto de la fuente de El Palomar ligeramente retocada por Meta.ai.

Cuando la luz del sol incide sobre el chorro de la fuente sus destellos atraen mi mirada.

Cuando los rayos de sol son atrapados por el agua es algo vívido. Algo que fluye, suena y te relaja.

En el jardín de la entrada a El Palomar hay flores rojas. De un rojo intenso.

Rosa en el jardín. Foto ligeramente retocada por Meta.ai.

Y me surgió una pregunta: ¿qué tal se vería si la rosa fuera azul?

Así se vería una flor azul. No es una imagen real, he transformado el rojo en azul con la ayuda de GIMP.

¿Y qué tal fue el desayuno? Como era de esperar: Dos tostadas, excelente aceite de oliva virgen extra, tomate picado… y la bebida que quisiéremos. Yo pedí café.

Y así es El Palomar: un alto en el camino donde la memoria y el presente se dan la mano. Un lugar sencillo, con ese encanto sereno de lo auténtico, donde el desayuno sabe a viaje y a pueblo, y donde uno siente —sin necesidad de pensarlo— que la vida también se construye en estos instantes breves, bajo la sombra de una encina y el rumor cercano del agua.


Notas

[1]


Nota sobre fotos

Las fotos que se han utilizado, han sido realizadas por Félix Ares y Álvaro Ares y las licenciamos como Creative Commons. Attribution 4.0. International CC by 4.0. Puede usarlas, pero deben dar crédito a los autores y que se han sacado de la página https://felix.ares.fm

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