13 de febrero de 2026
Aprovechando que era San Fermín —y que cualquier excusa es buena para escaparse— salimos temprano y paramos a desayunar en el Hotel Montilla, en San Roque. Tras el desayuno continuamos viaje hacía Puerto de Santa María.

Las lluvias e inundaciones de las primeras semanas de febrero en la provincia de Cádiz estuvieron marcadas por un episodio meteorológico excepcional asociado a la borrasca Leonardo, que dejó registros históricos, evacuaciones masivas y daños significativos en varias comarcas.
Hubo lluvias torrenciales entre el 3 y el 6 de febrero de 2026, especialmente intensas en la Sierra de Grazalema, una de las zonas más lluviosas de España.
Aviso rojo por lluvias en toda Andalucía, con precipitaciones persistentes que provocaron desbordamientos de ríos y cortes de servicios básicos.
En algunos puntos de la provincia llovió más que en todo un año, según declaraciones oficiales de la Junta de Andalucía.
Más de 3.500 personas desalojadas en Andalucía, muchas de ellas en Cádiz, por riesgo de crecidas.
Aclaración sobre las lluvias en la sierra de Grazalema
Que caiga mucha lluvia durante un año en una zona puede ser debida a varias cosas, por ejemplo que llueva una cantidda media, pero muchos días al año. Otra forma es que llueva muy pocas veces, pero que cada vez que llueva sea muy intensa. En Grazalema se dan las dos situaciones, llueve frecuentemente y muchas veces llueve torrencialmente, lo que la convierten en una de las zonas más lluviosas de España.
Los datos recientes muestran acumulaciones extraordinarias:
- En solo cinco semanas de 2026, Grazalema acumuló 1.979,4 mm de lluvia, más que la media anual de ciudades muy lluviosas del Cantábrico como San Sebastián o Santander .
- En el año hidrológico 2025–2026, la estación de AEMET en Grazalema registró 3.667,9 mm de lluvia acumulada.
Para entender por qué llueve tanto tenemos que ver exactamente la ubicación de la Sierra y de los cientos dominantes.
La sierra se sitúa en la dirección suroeste-nordeste.

La dirección dominante de los vientos en la sierra procede del Atlántico, por lo que suelen ser vientos muy húmedos. Cuando estos vientos llegan a la Sierra de Grazalema se ven obligados a ascender por el relieve. Al elevarse, el aire se enfría —como ocurre siempre en las capas altas de la atmósfera— y, al enfriarse, libera la humedad que transporta en forma de lluvia. ¿Por qué ocurre esto? Porque el aire cálido puede contener mucho más vapor de agua que el aire frío. El aire relativamente cálido y húmedo que llega desde el Atlántico asciende por las montañas, se enfría y pierde capacidad para retener ese vapor de agua. Como consecuencia, el exceso de vapor se condensa y se transforma en lluvia.
La dirección geográfica de la sierra y los vientos del Atlántico hacen a Grazalema un lugar muy lluvioso.
Nuestra ruta
Si nos fijamos en la ruta que seguimos, primero, paramos a desayunar en San Roque, después pasamos por Los Barrios, por el parque natural de los alcornocales, Alcalá de los Gazules… Todos lugares donde había habido fuertes lluvias. Así que nos encontramos tierras anegadas. La borrasca del 3 al 6 pasó como un animal inquieto: rugió, golpeó, se retorció entre montes y valles, y cuando por fin se marchó, dejó tras de sí un silencio extraño, casi solemne.
Los campos eran lo primero que llamaba la atención. No eran campos, en realidad, sino espejos inmensos donde el cielo se había quedado atrapado. El agua cubría la tierra con una calma engañosa, como si quisiera borrar por un momento los surcos, las huellas, los límites.




Los pantanos estaban desbordados. El agua llegaba a sitios que llevaban mucho tiempo secos, tanto que habían crecido árboles. Muchos de ellos hoy estaban sumergidos hasta la mitad del tronco, quietos, erguidos, como guardianes que no abandonan su puesto ni cuando el agua les llega al pecho. Había algo profundamente simbólico en esa imagen: la resistencia silenciosa, la paciencia de lo que lleva siglos aquí, viendo pasar temporales, veranos abrasadores, otoños caprichosos. El agua rodeaba sus raíces como un abrazo frío, pero ellos seguían ahí, firmes, esperando que el nivel bajara y la tierra volviera a ser tierra.


Mientras avanzaba, pensé en cómo la lluvia transforma no solo el paisaje, sino también la forma en que lo miramos. Después de una borrasca así, todo parece más vivo, más frágil y más poderoso al mismo tiempo. Los caminos se vuelven inciertos, los colores se intensifican, los sonidos cambian. Y uno, sin darse cuenta, camina más despacio, como si quisiera escuchar lo que el agua ha venido a decir.

Al llegar a El Puerto de Santa María, sin una gota de lluvia pero con el cielo cargado de presagios, un cernícalo salió a nuestro encuentro. Planeaba sobre el aire denso y oscuro, como si leyera en las nubes el rumor de la tormenta que aún no caía. Sus alas recortadas contra el gris parecían anunciar que algo estaba a punto de cambiar: el día, el viento, quizá incluso nuestro propio ánimo. Durante unos instantes, mientras giraba en círculos lentos y precisos, sentimos que aquel pequeño guardián del cielo nos daba la bienvenida a un lugar donde la naturaleza habla en susurros y en silencios.
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Nota fotos y texto. Salvo las fotos que tienen un agradecimiento específico, como por ejemplo Wikipedia, son nuestras y las licenciamos con
De tapas y otras cosas por Fuengirola © 2024 by Félix Ares is licensed under CC BY-SA 4.0 . Debe indicarse que está creado a partir de una obra de felix.ares.fm
En esta ocasión he contado con la colaboración de Vero.
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