23 de julio de 2026

Todos creemos que el Sol y la Luna son astros inconfundibles. El primero deslumbra, ilumina el paisaje y tiñe el cielo de azul; la segunda aparece más tenue, rodeada por la oscuridad de la noche. Sin embargo, hay ocasiones en las que la atmósfera nos juega una curiosa pasada y la diferencia entre ambos parece desvanecerse.
La mañana del 23 de julio amaneció en Fuengirola cubierta por una densa capa de nubes y bruma. El Sol, oculto tras aquel velo grisáceo, perdió gran parte de su brillo habitual. En lugar del disco cegador al que estamos acostumbrados, apareció como una esfera blanca y serena, suspendida en el cielo, exactamente igual que una luna llena observada en una noche despejada.
La ilusión se reforzaba con el paisaje. Los edificios del litoral aparecían convertidos en oscuras siluetas recortadas contra el resplandor del mar. El reflejo de la luz sobre el Mediterráneo recordaba más a una escena nocturna que a los primeros momentos del día. Durante unos instantes, el amanecer parecía haberse confundido con el anochecer.
La fotografía captura precisamente ese momento de ambigüedad. Sabemos que es el Sol porque conocemos la hora a la que fue tomada, pero si elimináramos ese dato quizá muchos apostarían por la Luna. Un recordatorio de que la naturaleza no siempre se ajusta a nuestras expectativas y de que, a veces, basta una capa de niebla para transformar por completo nuestra percepción del mundo.
Unos minutos más tarde, el Sol comenzó a imponerse a la niebla. El disco blanquecino que antes parecía una Luna acabó recuperando su verdadera identidad y bañó el horizonte con tonos dorados. Las gaviotas, convertidas en negras siluetas contra la intensa luz del amanecer, cruzaban el cielo en pequeños grupos mientras el Mediterráneo reflejaba destellos de oro líquido.

En la terraza de un edificio cercano, varias personas se habían detenido para contemplar el espectáculo. Quizá acababan de levantarse o tal vez llevaban tiempo esperando aquel instante. Desde la distancia solo eran pequeñas figuras recortadas contra el mar, observadores privilegiados de una mañana que despertaba lentamente. La niebla se retiraba, las aves surcaban el cielo y el Sol, ya sin disfraz de Luna, volvía a reinar sobre Fuengirola.
Notas
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Nota sobre fotos
Las fotos que se han utilizado, han sido realizadas por Félix Ares, Álvaro Ares y Vero y las licenciamos como Creative Commons. Attribution 4.0. International CC by 4.0. Puede usarlas, pero deben dar crédito a los autores y que se han sacado de la página https://felix.ares.fm
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